miércoles, 12 de noviembre de 2014

Y podría ser yo. Y soy yo

Tocar el cielo con la yema del dedo
corazón
Escribir ese poema prohibido, que me 
desgarra por dentro cuando lo siento,
latiendo por mí,
que el muy cabrón hace acto de presencia
todos los días.
Retratarte en un verso y que así me dejes
libre sin soltarme nunca de tu cuerda
invisible.
No quiero ser nada, quiero ser nadie y 
alguien para ti.
Y le tememos a la caducidad y al olvido y 
no nos damos cuenta del rastro tan
grande que dejamos en nuestras personas.
Y en otras personas que observamos, sin 
darnos cuenta de que son efímeras en un suspiro,
esas personas valientes e ingratas que sonríen en 
plena madrugada.
La chica del fondo del autobús, que le
dedica sonrisas a su móvil, deseando que su interlocutor, 
las vea, en persona.
Y podría ser yo.
Señoras mayores de pelo canoso y 
arrugas de experiencias y vida dura,
que te devuelven la fe, en algo, en alguien,
en ti mismo, en el día de hoy y en los que vengan.
Y podría ser yo.
Los insensatos que tocan canciones en el metro
sin un gorro lleno de dinero, sino 
lleno de pasión.
Y podría ser yo.
Los que reparten abrazos gratis y
sonrisas que valen millones, sin darse cuenta, 
de que a veces, arreglan un corazón que ya no sabía
respirar.
Y podría ser yo.
Los melancólicos que se esconden detrás de un piti a medias.
destrozándose los pulmones, porque lo demás, 
ya lo ha arrasado otra persona, y ya, qué más da.
Y podría ser yo.
Los mágicos del Retiro, que están en el exilio, 
creando la ilusión de niños, llenando una burbuja
de colores.
Y podría ser yo.
Los tristes cabizbajos que llenan libretas y 
gastan bolígrafos, llorando letras
por alguien que les ha roto el corazón,
y ya no saben reconstruir el puzzle porque 
hay piezas que se ha quedado la otra persona, y que 
jamás podrán recuperar.
Y podría ser yo.
Los ambiciosos que corren detrás del tiempo que no 
les espera, persiguiendo sueños para alcanzar metas, 
sin pararse a pensar en esos ojos que depositan su mundo
en los suyos.
Y podría ser yo.
Los primaveristas que reparten flores y hacen 
que te olvides del invierno y te teletransportes
a ese beso que no diste porque el verano ya se acababa.
Y podría ser yo.
Y los soñadores, ay los soñadores, 
somos esos que volamos sin alas, 
sin paracaídas,
sin globo aerostático
solo con la imaginación
sin miedo a estrellarnos, aunque ya hayamos probado, 
el sabor tan agridulce de la caída en picado.
Y soy yo.

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