Y ahora que por fin
me encuentro,
en otro cuerpo,
que no es el mío,
pero que respira a la par,
y qué Dios, parece que me entiende,
tan bien,
tan como nadie,
tan a su manera,
ahora que por fin,
ahora que quiero,
ahora solo quiero,
perderme.
Porque hay veces,
que simplemente,
ya no lates igual,
y te apuñala el miedo,
por detrás o
lo incierto de las dudas
y tu mirada.
Y hay veces que,
te camuflas entre sonrisas a medias,
en canciones de Bryan Adams,
detrás de un libro,
en la parada del bus,
para que a nadie se le ocurra,
cruzar una mirada contigo,
y te confirme, que es cierto,
y que tu lo sabes,
que estás rota, y que lo que te apetece,
es llorar,
sí,
ahí, en medio del mundo,
del frío,
y de esa jodida soledad que te arropa.
Y es verdad,
estamos solos,
y el Universo nos lo confirma,
pero no me importa,
quiero viajar igual,
quiero fundirme en un agujero negro y ver
que hay detrás, si es que hay algo,
y si no,
me da igual,
porque joder, lo habré intentado.
Quizá vuelva a ser yo,
cuando vuelvas a rellenar,
estos huecos tan profundos que dejaste,
cuando sin verlo venir,
te fuiste.
Quizá entonces vuelva a sonreír,
con esa inocencia,
que posee mi niña interior
y vuelva a abrir las puertas,
de mi corazón para quien quiera entrar
aunque me van más los valientes desconocidos,
que arriesgan,
y se cuelan por el ventrículo derecho,
haciendo que la sangre bombee más rápido
y sonría con los ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario