Un olor a café recién molido y tortitas con mermelada de frambuesa habían logrado despertarme del que podría haber sido el mejor sueño de mi vida. No supe qué extremidad de mi cuerpo deseaba mover, porque en realidad ninguna llegaría ha hacerme el suficiente caso, estaba demasiado cómoda, tirada en la cama con mi habitual postura y mi sábana blanca rodeando cada punto de mi cuerpo, se estaba tan a gusto que no me podía tomar el atrevimiento de molestar a mi cuerpo para levantarse, no hubiese sido muy cortés de mi parte. Pero en ese momento una voz grave sonó en toda la estancia haciendo vibrar cada punto de esta, haciendo que mis cansados ojos cobraran vida y se encendieran dejando entrever una llama particular, esa voz hizo despertar cada hueso, cada músculo, cada articulación de mi cuerpo.
Me levanté de la cama de la forma más perezosa posible pero a la vez muy deseosa, caminé hasta la cocina, descalza, de puntillas ya que el suelo estaba muy frío e hizo erizar mi piel. El recorrido de la habitación a la cocina se me hizo eterno, mi cabeza estaba surcada de recuerdos de la noche anterior, todos venían a mi cabeza como estrellas fugaces haciendo que no me diera tiempo a entrelazarlos y saber a ciencia cierta qué es lo que había pasado, no tenía constancia de nada, solo de que estaba plenamente feliz.
Llegué a la espaciosa cocina de estilo americano gracias al olor de lo que probablemente sería mi desayuno, y dejé que mis piernas se parasen justo delante de él. Me dedicó una sonrisa entrecortada, como solía hacerlo y me miró con esos ojos verdes, hizo que mis rodillas empezaran a temblar, podría haberme echo pasar por un vibrador andante, pero no era el caso.
Nos sentamos alrededor de una pequeña mesa blanca, el desayuno estaba ya servido y si no fuera porque me había quedado ensimismada con su presencia haciendo pulular su colonía por toda la estancia, me hubiese lanzado sobre ese desayuno que tenia una pinta estupenda y lo hubiese deborado en menos de un minuto.
Se colocó en el respaldo de la silla sin dejar de clavar sus ojos en cada punto de mí, ''eres preciosa'' - me dijo- gracias por la mejor noche de mi vida, y me guiñó el ojo. Entonces supe que podría madar a la mierda aquel sueño por el que había maldecido al principio de la mañana, porque vivía en una realidad, ahora mi realidad era él.
miércoles, 20 de febrero de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
Y ahí estaba yo, en medio de una desierta carretera hincando todo el peso de mi cuerpo en mis fuertes rodillas, con la cabeza echa un lío, y con el corazón bombeando sangre con copas de más, me sentía sola, desprotegida y sin saber a dónde ir, qué camino tomar y quién me acompañaría.
Deseaba verte y preguntarte por qué no me habías elegido, sería porque te salía demasiado barata y esas cosas no te gustaban, sería que te iban las chicas de minifaldas y escotes descomunales y pelo rubio, o es que tal vez te salía demasiado cara, te costaría millones poder poner en orden todos aquellos sentimientos rotos llenos de nada y de unas ganas insufribles de tí.
Me dijiste que no y todo se hizo más pesado, no quise levantarme de ese sitio, no me estaba tomando en serio nada, pero ahora que lo pienso ¿cuándo me he tomado algo en serio? Me dejaste olvidada y hasta a mi se me olvidaba quién era o quién quería ser o lo que quería. Mis ganas de llorar existían y esas lágrimas mías pedían a gritos que las dejara escapar, sé que si las hubiese dejado hubiesen formado ríos en mis mejillas y me hubiesen puesto fea, pero eso ya no importaba, me había quedado con un mal sabor de boca después de nuestro último abrazo, fue tan efímero que todavía sigo con ganas de más, supongo que las cosas buenas solo duran pequeños instantes, ese abrazo que me diste fue el instante más bonito de mi vida.
Deseaba verte y preguntarte por qué no me habías elegido, sería porque te salía demasiado barata y esas cosas no te gustaban, sería que te iban las chicas de minifaldas y escotes descomunales y pelo rubio, o es que tal vez te salía demasiado cara, te costaría millones poder poner en orden todos aquellos sentimientos rotos llenos de nada y de unas ganas insufribles de tí.
Me dijiste que no y todo se hizo más pesado, no quise levantarme de ese sitio, no me estaba tomando en serio nada, pero ahora que lo pienso ¿cuándo me he tomado algo en serio? Me dejaste olvidada y hasta a mi se me olvidaba quién era o quién quería ser o lo que quería. Mis ganas de llorar existían y esas lágrimas mías pedían a gritos que las dejara escapar, sé que si las hubiese dejado hubiesen formado ríos en mis mejillas y me hubiesen puesto fea, pero eso ya no importaba, me había quedado con un mal sabor de boca después de nuestro último abrazo, fue tan efímero que todavía sigo con ganas de más, supongo que las cosas buenas solo duran pequeños instantes, ese abrazo que me diste fue el instante más bonito de mi vida.
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