jueves, 22 de septiembre de 2016

Quiero desatarme tan fuerte de estas cuerdas impuestas, 
quiero huír gritando y alterar el cosmos, 
porque aquí, dentro de mi ser, no queda equilibrio, 
llevo atada a una esperanza, 
a promesas incumplidas, momentos que llegan tarde, 
o no llegan.
Cada día mi corazón se para una centésima de segundo más.
Sangre roja en venas azules, desastres como moratones, 
en mi piel, 
en mi corazón, 
en mi cabeza.
La mitad de la mitad ya no me sirve, 
las excusas creíbles se han vuelto increíbles, 
y ya no te escucho solo te oigo.
Vueltas interminables en la cama acompañadas de mis mareas,
de ojos que son agua y cuerpo de nervios,
siempre a la espera de algo, con miedo a todo.
Añoranza de mi (peculiar) risa, 
de la piel de gallina con una mirada, 
de tener amor escondido en cada rincón 
y sacarlo cada día.
Con cada uno de mis pasos me convierto más en soledad, 
en hueco intocable, inalterable, insensible, casi inherte.
Quiero sentir de nuevo los besos 
y el amor incondicional, 
los abrazos hogar
y risa en mi corazón.
Bajar de mi cielo particular y tocar la tierra
no me ha sentado bien.
Soy un amasijo de malos recuerdos, 
de astillas clavadas 
y nudos en la garganta...
...cada día, cada noche...

sábado, 10 de septiembre de 2016

Hoy me he despertado con matices tristes en los poros de mi piel.
Hoy hay personas queridas que se marchan lejos, como yo lo hice un día, 
no por elección propia dada mi temprana edad. Pero aún así me fui, 
de mi pequeño trocito de mundo en el que pasé los mejores años de mi vida, 
mi bonita y querida infancia.
No puedo evitar que los recuerdos se acumulen en mi ser, no después de tanto cariño,
de tanto amor puro y verdadero que recibí.
Recuerdo como si fuese ayer los ratos con mi abuela, sus comidas especiales, 
mis favoritas. Mis amigos en la calle hasta las 12 de la noche, los pies negros y 
llenos de ampollas, el pilla pilla, las cartas y las charlas hasta las mil acompañadas 
de unas pipas.
Las muñecas que no tuve, la ropa que heredé, los juguetes hechos a mano.
Mi infancia al lado de mi primo-hermano, su locura que me accidentaba y me dejaba 
calva en más de una ocasión, su risa de niño y sus ojos azules.
El narizotas de mi primo, el campeón de rugby, sus abrazos desaparición, su protección
constante, sus bromas cariñosas y sus motes. Hoy me entero de que abandona, como todos, 
mi pequeño trocito de mundo, y el suyo propio, dirá adiós a su familia, para formar la suya propia
en otra tierra, en otro mundo pero siempre acompañado de su fiel compañera. 
Hoy me he despertado con matices tristes en los poros de mi piel...



Te quiero, ahora y siempre.

Que te vaya bien.