martes, 4 de noviembre de 2014

Unas manos arenosas,
huesudas,
sin vida,
sujetando un pedazo de esperanza.
La carne resbaladiza,
los sentidos,
la mente,
el cuerpo,
el corazón
atrofiados
Por el dolor punzante,
el hambre aterrador,
la sed suicida.
El amor que escasea, 
en un mundo lleno de egoístas,
de trajes andantes y 
corruptos llenándose los bolsillos, 
vaciando la nevera de la clase media.
Lágrimas que forman ríos
en las caras
de madres
luchadoras natas,
fieras si nos tocan.
Sufrimientos comprimidos
delgadez extrema del mundo.
Sueños despojados de las manos
del subconsciente.
Ojos marrones 
de mirada sombría,
que llora sangre de sacrificio, 
de dolor condensado, 
de noches entre cartones.
Somos lo material que poseemos,
nos olvidamos de lo místico,
del cosmos,
las estrellas, 
nuestro espacio interior,
nuestras guerras internas, 
las son-risas,
el sexo sin prisa,
el amor salvaje,
los amaneceres.
Y nos atamos, 
nos encarcelamos,
a fajos de billetes morados,
nos motorizamos 
volviéndonos insensibles y 
vacíos.

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