martes, 12 de abril de 2016

La vida,
 nos empeñamos en resumirla,
 acortarla, 
nos empeñamos en anticiparnos,
en correr nuestro camino 
como si no fuera más que una simple maratón,
donde cada uno, a su modo 
busca llegar el primero a la meta.
Pero ¿qué es la meta sino la muerte?
¿Por qué nos empeñamos en correr mirando siempre hacia delante?
¿Qué pasa con el camino?
¿Por qué no dejamos esa lucha constante?
 esa carrera sin fin que nos oprime, nos crea una visión túnel de nuestra vida,
como si nada más existiera,
 como si no hubiese nada hermoso al mirar hacia los lados.
Deberíamos parar un segundo, aunque solo fuese una milésima, 
y no ver sino mirar, mirar dónde estamos y
observar la belleza de lo simple, 
de aquellos momentos efímeros que no vuelven,
 porque el tiempo los barre,
 deberíamos empezar a soñar más con los ojos abiertos, 
a no preocuparnos por las cosas, porque todo tiene solución,
 y si no la tiene, no vale la pena.
Deberíamos coger aire, y echarlo siempre con una sonrisa,
porque todo lo bueno está por llegar,
 porque este caos que llaman vida, está llena de momentos,
y yo lo sé, cada vez que miro su sonrisa en los ojos
y me doy cuenta de que he ganado más de lo que he perdido,
de que no cambiaría nuestros momentos peli por nada, 
ni el baile de la lasaña, ni los masajes quita estrés, 
ni los roces de los pies bajo la sábana, ni los besos quita miedo en el cuello,
ni los ''dame un beso, dame otro, dame muchos..''
Ahora ya no quiero pensar en el antes y menos en el después, 
porque nada más vale que esto que tengo ahora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario