Dejé olvidadas mis penas en aquel bar de carretera y mi marca de carmín en el vaso, esperando que el apuesto camarero decidiera por alguna razón, impulsado por las fuerzas del universo y ayudado por mi karma a tomar mis huellas dactilares del vaso, las cuales habia tenido cuidado de dejar bien marcadas, y me buscara, aunque no supiera absolutamente nada de mí, solo que los tacones que llevaba aquella noche a parte de destrozarme los pies, me hacían unas piernas de infarto, cosa de la cual el se percató en cuanto abrí la puerta destartalada de ese bar y mi colonia inundó aquel apestoso lugar con un olor dulce, propio de una señorita, mis perfectas huellas dactilares bien definidas en la copa y la dirección hacia Los Ángeles que había tomado a 200km/h nada más salir del bar con la esperanza de que el camarero me siguiese y me pidiese mi número de teléfono. Al parecer mi karma aquella tarde-noche no estaba muy a mi favor, y decidió dejarme doblemente sola, de nuevo, huía de tu recuerdo, queriendo refugiarme en los brazos de cualquiera que no se pareciera ni un poco a ti, pero parece ser que por alguna razón desconocida el destino no quería que rozara otra piel que no fuera la tuya, pensé que tenía razón, era imposible que alguien, a parte de ti, pudiese encenderme y alegrarme con solo un roce. Eras justo lo que necesitaba, eras la ''Dolce Vita'', y lo sabía y a pesar de ello quería rendirme, lo necesitaba, no aguantaba el peso que sostenía, eran días llenos de falta de ti. Me llenabas con nada, hasta el punto de ahogarme y a la vez, con una mala mirada me quitabas la vida y hacías de mi una más, unas más de tantas que rodeaban tu mente y tu perfecta existencia.
Podrías haberme dicho que querías que fuese, lo hubiese sido, sin dudarlo, sin rechistar, a cambio de que te quedaras conmigo, de que siguieras cogiendome de la mano y sentirme segura de nuevo.
Todos estos pensamientos se clavaban en mi mente y en mi corazón, sobre todo en mi corazón, eran hastillas de las cuales no me podía deshacer, ni quería, porque sí, me hacían daño, pero era daño de ti y era mejor que nada.
A medida que tus recuerdos revivían en mi mente iba pisando cada vez más el acelerador, y la adrenalina inundaba mi cuerpo, exhausto y desolado. Encendí un cigarrillo y dejé de divagar, me cansé de ser yo la que quedaba por los suelos siempre cuando de ti se trataba, así que centré mi antención en la carretera y en aquel chico del bar, que me hubiese hecho olvidar tu existencia aunque solo durase una noche.
Pensé que pasaría si aquel camarero se fijase detenidamente en mi vaso y viese los rastros de mi, me preguntaba cómo actuaría, podría cogerlas y analizarlas cual investigador forense y dar con mi paradero, que ciertamente ni yo sabía cuál era, o simplemente podría actuar como un complento estúpido, falto de luces y sentido común ante mis pistas, en fin, ya daba igual, estaba muy lejos, mi cabeza dejó de imaginarse momentos perfectos que podría haber pasado con aquel camarero idiota, pero musculoso, y cambió de tema, un tema que yo ya no quería, necesitaba tiempo sin ti, por lo menos en mi cabeza, pero al parcer en ese momento iba a ser totalmente imposible.
No conseguía explicarme cómo es que yo, siguiese a estas alturas rendida a tus pies,pensando que lo daría todo sin importar nada, mi mente es muy ingenua, y mi cuerpo se deja guiar por ella.
Frené el coche, apagué el motor y el cigarrillo y me aferré a mi Daniel's y a pensamientos absurdos en torno a ti.
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